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Creencias, coaching y liderazgo

Publicado el 2 de abril, 2012

¿Qué vínculo existe entre la verdad y el liderazgo?

El liderazgo y la verdad son dos caras de la misma moneda; dos conceptos que se retroalimentan constantemente. Cuando lidero mi vida, mi proyecto, mi organización,… lo hago desde la aceptación de la verdad; cuando acepto la verdad empiezo a liderar mi vida, mi proyecto, mi organización…

La “ceguera” o negación de la verdad está vinculada a la dificultad que tenemos en aceptar ciertas realidades. Desde fuera es muy fácil reconocer la verdad de los demás, pero que difícil es reconocer las propias. En ocasiones confundimos la verdad con una creencia. En el fondo sabemos que esa creencia no es verdad, pero seguimos aferrados a ella. En algunos casos será porque somos incapaces de contemplar otros puntos de vista, en otros porque nos da miedo reconocer quienes somos realmente, en otros nos atemoriza asumir nuestra responsabilidad sobre nosotros mismos.

Lo más sensato sería asumir los hechos, agradables o no y decidir de manera conciente que una cosa es lo que nos ha pasado y otra como nos vamos a posicionar respecto a lo que nos ha pasado.

Las cosas ocurren. Lo que nos ocurre es verdad. Ha ocurrido eso y no otra cosa. Hechos como: “mi pareja me ha dejado”, “me han despedido”, “estoy enfermo”…son hechos reales. Es la realidad. No podemos cambiar la realidad. Nos cuesta aceptar la realidad. Nos peleamos con ella. ¿En quién nos convertimos cuando no aceptamos la realidad? En personas que sufren. Lo que nos ha ocurrido puede llegar a ser tremendamente doloroso, pero más terrible es quedarnos aferrados a las creencias que asociamos a esos hechos.

Puedo estar dolorosamente afectado por haber perdido el trabajo, pero si a ese hecho le asocio la creencia: “no encontraré otro”, “soy un fracasado”, “todo me tiene que ocurrir a mi”… y me aferro a la creencia, generaré mi propio sufrimiento. Este sufrimiento no depende de lo que ha pasado, depende de cómo yo me visualizo a mi mismo respecto a lo que ha pasado. Aceptar la realidad es amar la verdad. Cuando no aceptamos la verdad, vivimos en una mentira que nos paraliza, victimiza y aleja de nuestros sueños.

Actualmente hay una expresión bastante chocante que se escucha frecuentemente: “No me lo puedo creer”: “No me puedo creer que hicieras eso, que dijeras eso, que seas de esa manera, que no te acordaras, que no supieras…”. Hay una incredulidad subyacente que nos aleja de la realidad. No damos crédito a la realidad. Es como si la realidad debiera pleitesía a nuestras expectativas. Ponemos en duda la veracidad de los hechos por no corresponderse con nuestras ilusiones.

El Coaching Teleológico es un proceso conversacional, donde acompañamos a nuestros clientes para que puedan reflexionar y profundización y afrontar aquellas verdades sobre sí mismos que les van a permitir enfrentarse a sus creencias y reconstruirlas. No se trata de “eliminar” creencias que les impiden seguir avanzando, se trata de reconstruir esas creencias para que en lugar de provocar sufrimiento, les sirvan para liderar sus vidas.

A medida que vamos cuestionando nuestras creencias, nuestra manera de pensar los hechos y de pensarnos a nosotros mismos respecto a esos hechos, el sufrimiento va desapareciendo y en su lugar aparece la comprensión, la compasión y la motivación para el cambio.

Imaginemos que dirigimos un equipo de personas y que un colaborador es incompetente. Aceptamos que lo es y actuamos en consecuencia, ya sea con formación, reorganizando las funciones del equipo o aplicando la solución que sea más conveniente y efectiva para el equipo.

Pero a veces no aceptamos la realidad y nos aferramos a la idea de que esa persona “debería ser competente” (con lo que le pagamos, con las oportunidades que le hemos dado, etc.). No aceptamos la realidad: ese colaborador no es competente. ¿Cómo reaccionamos cuando nos aferramos a la creencia de que debería ser competente y no lo es? Normalmente nos sentimos frustrados, impotentes, enojados, etc. Cuando nos aferramos a una creencia que es falsa reaccionamos en lugar de dar una respuesta efectiva.

¿Cómo tratamos a los demás cuando creemos que deberían ser otra cosa que no son? Nos convertimos en personas severas, impacientes, intolerantes y controladoras, lo que nos aleja de liderar a nuestro equipo.

Cuando acepto que ese colaborador no es competente y dejo de aferrarme a lo que “debería ser” puedo encontrar equilibrio. Esa persona no es competente para el trabajo que le hemos asignado. Se trata de buscar una alternativa de solución en lugar de enfadarme. Al aceptar la verdad: “no es competente”, puedo ser comprensible y amable con ese colaborador; puedo abrirme a otro nivel de reflexión; puedo ir más allá: ¿Cómo ser “yo” competente?. Cuando dejo de aferrarme a la creencia de lo que debería ser el otro, cuando dejo de estar enfadado con la realidad y la acepto, puedo profundizar en mi propia responsabilidad, ¿cómo ser competente en esta situación? En el fondo, aferrarme a la creencia de “lo que el otro debería ser”, es una mentira que me crea ansiedad y estrés; me aleja de mi verdadero liderazgo.

El tema es, ¿cómo reconstruir esta creencia? ¿cómo cambiar la creencia de que ese colaborador “debería ser competente”? A veces, por muy duro que parezca, necesito que en mi equipo alguien, en algún momento sea incompetente y así poder cuestionar mi competencia como líder efectivo. Se trata de aceptar que a lo largo de mi vida profesional liderando equipos, voy a encontrarme con colaboradores que no van a ser competentes y que van a poner a prueba mi competencia como líder. No se trata de no tener nunca más a nadie que no sea competente en mi equipo. Se trata de abrirme a la idea de que cuando alguien de mi equipo no sea competente tengo la oportunidad de aprender y mejorar mi liderazgo.

Como Coachs tenemos una gran responsabilidad. Cuando estos directivos se queden atrapados en creencias que les impiden liderar a sus equipos podemos ayudarles a reflexionar y reconstruir esas creencias. Se necesita coraje para acompañarles en el cuestionamiento de sus creencias de manera amable y respetuosa. No se trata de que eliminen la creencia. Se trata de que lleguen al fondo de su propia verdad para ser los líderes que sus equipos necesitan.